Los Programas para el Bienestar arrancan 2026 con cifras millonarias. Este análisis explica cómo se distribuyen, a quiénes alcanzan y qué retos persisten.
¿Qué significa “redistribuir la riqueza” en el discurso oficial?
Redistribuir no es una palabra decorativa. En el planteamiento del gobierno, implica que una parte relevante del gasto público
llegue sin intermediarios a los hogares, y que ese flujo mueva la economía desde el consumo cotidiano: comida, transporte, útiles, renta, medicinas. La apuesta es que el “motor” sea la gente, no sólo los grandes proyectos o los grandes negocios.
Las cuatro palancas que se repiten en la narrativa
- Salario mínimo al alza como corrección de rezagos históricos.
- Transferencias directas (pensiones, becas y apoyos productivos) como red de protección.
- Obras estratégicas para “anclar” inversión y empleo.
- Inversión privada nacional y extranjera como complemento para crecer.
En este tablero, los Programas para el Bienestar son el componente más visible, porque se sienten “en la mano”
y porque su lógica de entrega directa busca reducir el costo político y administrativo de los intermediarios.
El presupuesto: no sólo un número, también prioridades
Cuando se baja del discurso al presupuesto, aparece una primera precisión importante:
en documentos públicos sobre el PEF 2025 se reportan montos cercanos, pero no idénticos, para el conjunto de Programas para el Bienestar.
Por ejemplo, se ha difundido un total de 835 mil 535 millones de pesos destinados a estos programas en 2025.
En paralelo, en coberturas de la propia mañanera se habló de 850 mil millones como “inversión social” anual y de un salto a un billón en 2026.

¿A dónde se va la mayor parte del dinero?
Las cifras divulgadas para 2025 muestran que el gasto social se concentra en rubros masivos:
Pensiones y becas: el corazón del gasto
- Pensión para Personas Adultas Mayores: más de 483 mil mdp reportados para 2025.
- Becas (incluida “Rita Cetina”): casi 132 mil mdp en 2025.
- La Escuela Es Nuestra: 25 mil mdp para mejoras en planteles.
Campo y programas productivos
También se señala una bolsa superior a 87 mil mdp para atención al campo, pesca y acuicultura,
con programas como Sembrando Vida, Precios de Garantía y fertilizantes, entre otros.
Nuevos programas y expansión
En la misma narrativa presupuestal se incluyen apoyos asociados a nuevos programas, como Pensión Mujeres Bienestar y Salud Casa por Casa, con una cifra conjunta difundida de 17 mil mdp para 2025.
Lo que dicen los datos de pobreza: avances, sí… pero con matices
Aquí conviene salir del “todo bien” y del “todo mal”. La medición oficial multidimensional reportó que
entre 2018 y 2022 el porcentaje de población en pobreza pasó de 41.9% a 36.3%,
y el número de personas en esa condición bajó de 51.9 a 46.8 millones.
Es una mejora significativa en un periodo que incluye el golpe económico y social de la pandemia.
Pero el mismo reporte agrega un dato que incomoda la celebración: la pobreza extrema se mantuvo prácticamente igual
(de 7.0% en 2018 a 7.1% en 2022), y el número de personas en pobreza extrema subió de 8.7 a 9.1 millones.
En otras palabras: el país puede estar reduciendo pobreza moderada y, al mismo tiempo, batallando para “mover” a quienes están en el borde más duro.

El gran foco rojo: acceso a servicios de salud
El contraste más fuerte aparece en una carencia social: el porcentaje de personas con carencia por acceso a servicios de salud
aumentó de 16.2% a 39.1% entre 2018 y 2022 (de 20.1 a 50.4 millones de personas).
Esto no cancela el impacto del ingreso, pero sí plantea un reto: el bienestar no se sostiene sólo con dinero; también se sostiene con servicios.
Salario mínimo: la otra mitad del argumento
En el relato gubernamental, el aumento del salario mínimo es “primero” porque corrige el piso laboral.
Para 2025 se anunció un incremento de 12% que llevó el salario mínimo general de 248.93 a 278.80 pesos diarios,
y en la Zona Libre de la Frontera Norte de 374.89 a 419.88 pesos diarios.
La idea es que una transferencia ayuda, pero un mejor ingreso recurrente cambia el mes entero.
El debate inevitable: universalidad, focalización y sostenibilidad
Los Programas para el Bienestar suelen defenderse por su alcance: si llegan a millones, el impacto agregado puede ser enorme.
Sin embargo, el mismo tamaño abre preguntas legítimas: ¿qué tanto se concentra en quienes más lo necesitan?
¿qué tan sostenible es elevar cada año el monto total sin descuidar inversión pública, infraestructura local o sistemas como salud?
Sheinbaum sostiene que el modelo cambió precisamente para que el Estado “no se quede” con el recurso y para que la política social tenga nombre propio: bienestar.
La discusión real, más que el eslogan, está en la evidencia: cómo se mide el impacto por región, por grupo social, por edad,
y si los beneficios se convierten en movilidad social duradera o sólo en alivio temporal.
ENTÉRATE DE: Medio ambiente y apoyos 2026
Conclusión: un país que discute el bienestar con números
Que el debate nacional se haga con cifras —presupuesto, beneficiarios, medición de pobreza— es una buena señal:
obliga a contrastar discurso con resultados. Los Programas para el Bienestar, con su escala histórica,
son el experimento social más grande del México reciente. Los datos muestran avances en pobreza multidimensional,
pero también advierten que el “bienestar” no puede depender únicamente del ingreso: requiere servicios, especialmente salud, y una estrategia que no deje intacto el núcleo duro de la pobreza extrema.
De 2019 a 2025, la pensión para adultos mayores creció significativamente al pasar de mil 160 a seis mil 200 pesos bimestrales.
— Gobierno de México (@GobiernoMX) December 27, 2025
En este lapso, los gobiernos de la Cuarta Transformación invirtieron mil 501 millones de pesos en beneficio de 13.2 millones de derechohabientes. pic.twitter.com/7EvKdoJGb0









